
Bogotá Oscura
Al que madruga
Por: Matías Ramírez
Bogotá funciona en nombre de la productividad. Cada mañana, sus habitantes se levantan muy temprano para cubrir horas de jornada laboral y volver temprano a casa, como huyendo de la noche y de la inseguridad que la acompaña. Es una cultura profundamente marcada por la rutina como virtud: madrugar es símbolo de responsabilidad, de lucha, de ganarse la vida. No es raro que el refrán más popular sea ese que todos hemos escuchado: “Al que madruga, Dios lo ayuda”. Pero quiero mostrar que, en Bogotá, esta frase tiene una vuelta irónica. Una que deja ver una ciudad que madruga mucho... pero vive poco.
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Colombia, según datos de World Statistics y la OCDE, es el país que más madruga del mundo y está entre los cinco que más temprano se duerme. Esto, más que una curiosidad, revela una forma de vida: nos perdemos el tiempo donde se concentra buena parte de la riqueza cultural urbana. El teatro, la música en vivo, el arte callejero, las ferias nocturnas, incluso la tranquilidad sonora de una ciudad que baja el ritmo: todo eso ocurre cuando la mayoría ya se ha ido a dormir.
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Pero no es solo la rutina lo que nos aleja de esas manifestaciones. Es también la propia estructura de la ciudad: el transporte público acaba antes de las 11 p.m., la mayoría de los negocios cierran temprano y la noche se reduce a lo que ocurre dentro de bares y discotecas. Todo lo demás—lo comunitario, lo artístico, lo alternativo—queda mayormente olvidado. Y el miedo, muy justificado, termina de sellar esa desconexión.
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Lo curioso, o más bien lo alarmante, es que toda esta disciplina madrugadora no se refleja en los resultados. Colombia está entre los países con más horas laborales del mundo, pero con una de las productividades más bajas de la región, según la misma OCDE. Es decir, trabajamos mucho, rendimos poco. ¿De qué nos sirve madrugar tanto si no estamos aprovechando mejor el tiempo? En nuestro caso, al que madruga, no siempre Dios lo ayuda.
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Dejamos pasar mucha riqueza cultural a las noches por ser más productivos en el día y ni logramos que sea así. No considero que debamos cambiar nuestra rutina. Madrugar es una muestra de interés por lo que queremos y debemos lograr. Necesitamos acomodar estas actividades más a nuestro diario, verlas como momentos de descanso. Otra manera de expandir nuestros conocimientos y percepciones. No hay productividad sin cultura, ni sociedad sin espacios fuera de la lógica del deber. Es una forma de mejorar, fomentar el pensamiento crítico, la creatividad y el descanso mental.
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No cerremos nuestros locales tan temprano. Luchemos por más políticas de seguridad en las noches que nos brinden tranquilidad. Dediquemos una parte del día o al final de este a al enriquecimiento cultural. No dejemos que esas actividades sean solo visibles en la oscuridad de la noche. Pero lo más importante, no dejemos de madrugar porque no por nada el refrán es famoso.
Matías Ramírez

​Soy Matías Ramírez, estudio Narrativas Digitales hago opción en cine y en creación literaria. Me gusta mucho ver y hacer cine, aprender idiomas y el running