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Diagnóstico: Sistema Colapsado

Por: Alejandra Henao

Eran las 7:15 de la mañana. Afuera, la fila ya daba la vuelta a la esquina del hospital. Algunos sostenían papeles como si fueran boletos de esperanza; otros solo se recostaban en las paredes, resignados. Yo estaba ahí otra vez, esperando con la misma orden médica en la mano, por cuarta vez. La misma que me dijeron que estaba mal hecha. Otra vez. En el papel dice que estoy en lista de espera. En mi cuerpo, el dolor me recuerda que el tiempo pasa y que la espera también enferma. Hace más de un año y medio me dijeron que necesitaba una operación. Desde entonces, he recorrido pasillos, llenado formularios una y otra vez, hecho filas interminables y escuchado excusas de todo tipo. He tenido citas en las que no me atendieron, exámenes que nadie leyó, y remisiones que se perdieron como si fueran papeles sin vida. Yo no soy un papel. 

A inicios del 2024, me detectaron un problema en el corazón. No era algo nuevo: simplemente ahora tenía nombre, citas, trámites y una operación pendiente. Hasta entonces, yo llevaba una vida común, en la cual no esperaba a que salvaran mi vida con una operación, no dependía de doctores y médicos que les daba igual una vida más en una EPS. También ha afectado otros aspectos en mi vida y mi salud ya que, para realizarme cualquier procedimiento medico debo verificar que esto no afecte mi corazón. 

No sabía lo que era esperar meses por una respuesta, repetir un trámite por errores que no eran míos, ni sentir el cuerpo apagarse poco a poco mientras el sistema te ignora. Lo más duro no ha sido el diagnóstico. Lo más duro ha sido el proceso. El sistema. 

La primera vez que intenté autorizar la orden, me dijeron que estaba mal. Que era culpa del médico. Volví a pedir otra cita. Me dieron otra orden. Volví. Otra vez mal. Cuatro veces. Cuatro intentos fallidos. Cuatro momentos en los que sentí que no importaba, que no había avance, que solo estaba dando vueltas en una espiral sin salida. 

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He asistido a un sin número de citas, en distintos hospitales. Distintos horarios y diferentes revisiones, estos problemas de mi corazón han afectado otras partes de mi salud. Como lo ha sido con mis citas odontológicas puesto que, estas citas van muy de la mano de los procedimientos de mi corazón ya que, para poder realizar cualquier practica en mi boca y dientes mi corazón fallando entra en riesgo. 

Mientras tanto, mi cuerpo hablaba: punzadas en el pecho, fatiga, cansancio constante. 

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Y yo, tratando de mantenerme en pie, de no perder la paciencia, de no perder la fe. 

Esta operación es necesaria puesto que, este problema me va deteriorando poco a poco pero cada vez más. Ocasionándome desmayos, mareos frecuentes, dolores de pecho como lo son las punzadas. Y la constante fatiga que siempre está presente sin importar en donde me encuentre y lo que este haciendo. Me encuentro afiliada a la EPS sanitas, pero como ya sabemos sus procesos nunca tienen una solución para sus pacientes. 

Pero me dolía. Me duele. No solo físicamente, sino por dentro. 

Me duele ver cómo una condición de salud se transforma en una condena lenta cuando el sistema que debería cuidarte te da la espalda. Me duele saber que antes de esto vivía tranquila, sin trámites tediosos, sin filas interminables, sin tener que explicarle a nadie que estoy aquí, que existo, que necesito ayuda. 

Me cuesta hablar de esto porque me hace sentir vulnerable. Pero también me hace sentir humana. Y, sobre todo, me hace consciente de que no soy la única. 

Porque esto no se trata solo de mí. Somos miles de personas atrapadas en el mismo sistema: un sistema que no escucha, que no responde, que nos obliga a volver a empezar una y otra vez. Personas que, como yo, están muriendo en silencio, un trámite a la vez. Quiero que esta crónica no solo cuente lo que viví. Quiero que despierte algo. Que incomode, que haga pensar, que nos recuerde lo básico: la salud no es un favor, no es una ficha, no es una firma. Es un derecho. Y mientras no lo sea para todos, no lo será de verdad para nadie. 

“Me dijeron que debía operarme cuanto antes. Pero en este sistema, el ‘cuanto antes’ es una palabra que se disuelve entre excusas, formularios y largas filas. Mientras tanto, espero. Porque no me queda otra. Pero la espera también duele.” 

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Alejandra Henao

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Soy Alejandra Henao,  estudiante de narrativas digitales. Me apasiona ver la vida desde distintos ámbitos artísticos como lo son la fotografía y el arte.

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